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Un 30 de abril

  • Foto del escritor: Escritorio Emergente
    Escritorio Emergente
  • 28 abr 2019
  • 2 Min. de lectura

(Un texto de Nahón)


Como todas las noches Lupita y Sol platican a la luz de una vela. Oyen la voz de su abuelita que les dice: Ya es tarde niñas. Duerman que mañana antes de ir a la escuela, hay que llevar el pan a la ranchería. Ellas responden: Sí, Abue. Hasta mañana.

   La abuelita Chole, desde niña, aprendió con su papá el oficio de la panadería que ahora forma parte de su ingreso económico. Así mantiene a las nietas que se quedaron huérfanas de padres. En voz baja Lupita le dice a Sol: Recuerda que vamos a irnos más temprano, para llevarle las moronas a los pajaritos.

Al día siguiente salen antes de la hora acostumbrada y en la bolsita de su delantal llevan el alimento que le darán a las crías que vieron en el paraje de la barranca. Cada una toma la canasta preparada con los bollos que van a ser entregados en los dos tendajones. La abuelita Chole les da la bendición y las niñas llaman a sus perros, Sultán y Mastín, que echan a caminar junto a ellas.

   Cuando llegan a la zona boscosa, ven los nidos. Hacen malabares para alcanzarlos. Los pajaritos les dan la bienvenida con su pio, pio. Presienten que les traen la comida. Ellas dejan el alimento, pasan el río y corren a entregar el pedido. Ya es tarde para llegar a la escuela.

   De repente, a medio camino, aparecen dos coyotes. Con miedo las niñas se abrazan quedando petrificadas como estatuas, pero Sultán y Mastín comienzan a ladrar e inician una salvaje pelea contra las fieras.

   Después de varios minutos, la lucha cesó, los coyotes escaparon y los perros se acurrucaron al pie de ellas. Entonces, cada una tomó el panecillo que era su almuerzo y se lo dio a su guardián. Fueron al río por agua y limpiaron las heridas de sus perros como recompensa a su valentía y lealtad.


   Lupita y Sol corren a su jacal, sólo tienen tiempo de tomar sus cuadernos e irse a clases, a pesar del hambre. Al llegar a la escuela ¡Oh sorpresa! Hay un gran letrero que anuncia: FELIZ DÍA DEL NIÑO. En el patio hay una mesa con fruta, tamales y café, además de bolsitas con dulces. Los niños, se acercan a ella, primero con timidez, después sonríen y se empujan hasta que la maestra los llama al orden y les explica que a partir de este año, se va a celebrar el día del niño. Todos le dan las gracias por el festejo. Es un 30 de abril del año 1924.




 
 
 

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