Para mi hijo mayor
- Escritorio Emergente

- 20 ene 2019
- 2 Min. de lectura
(Un texto de Petra)
Probable esterilidad alcancé a leer en el papel, era la orden para los últimos estudios a los que me sometería. Casi no atendí las últimas palabras del médico, una sensación de angustian hacía temblar mis manos. Tu papá me abrazo, dijo que todo saldría bien y fuimos a los laboratorios. Ese fue el inicio del nuevo y mejor camino de mi vida.
De vuelta al consultorio, el dolor agudo que se extendió por todo mi vientre, hasta la punta de los pies, fue acompañando por las palabras alentadoras del doctor, que observaba la enorme pantalla. El conducto estaba obstruido, dijo con una sonrisa que a mí me pareció de un ángel, solo entonces me anime a voltear hacia el monitor, en él se veía una confusión de líneas de color lila que no alcancé a entender. Lo más seguro es que en poco tiempo usted esté embarazada remato. Como profecía divina llegó la buena nueva, positivo decía por fin el enésimo resultado. Me avasalló tu llegada, conocí el miedo, te besaba una y mil veces, te amé desde mucho antes.
Pronto pasaron 26 años. Te fuiste soltando de mi mano de manera sigilosa, sutil. Ahora te veo y sé que ningún poder tengo ya sobre tu timón, estás abriendo tu camino. Aún así, a veces te reprendo, cada vez con menos afán. Tú, indulgente, acaricias mi cabello, sabes que no me gusta, pero eso se volvió un juego entre los dos, por cada caricia tolerada, tú me abrazas. Sabes que amo que me abraces.
Ahora, veo en tu mirada un brillo nuevo, tu hermosa sonrisa, con la que nunca has sido generoso, se dirige a otro rostro, a otros ojos. Las velas de tu ímpetu las extiendes y surcas el mar del amor. Mis miedos son mayores y más variados. Ya no solo me preocupa tu seguridad, tu salud, tu bienestar, me atemoriza que tus velas puedan ser rasgadas. ¡Ay!, ¿quién puede acorazar el corazón? Nadie, ni una madre dispuesta.
Te escribo, mi hermoso hijo mayor, está carta que no cuenta ningún secreto, para darte gusto de dejar por escrito que sí, fuiste un milagro médico, a quien prometí Alas fuertes para que vuele, como dije siempre, que no se detenga, yo aquí seré su raíz.




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