Palabras
- Escritorio Emergente

- 31 dic 2018
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(Un texto de Elvira Aldaz Hernández)
Daniel, hijo. ¡Bienvenido a este mundo! Vamos a vivir juntos grandes experiencias. Esto fue lo que te dije cuando te vi por primera vez. Recuerdo que sentí una emoción indescriptible. Mi corazón se alegró e hice conciencia de la gran responsabilidad que adquirí por recibir el regalo que Dios puso entre mis brazos. Tu niñez fue extraordinaria, la compartí con seres nobles y amorosos como tus abuelitos y tu tía Emma; juntos disfrutamos esta dicha; ¿Qué decir de los primeros conocimientos que adquirías: El kínder, la natación, la pintura y la música, la primera vez que entraste al mar de la mano del profesor Robles, todo ello fue completando tu tierno despertar.
Pasando la pubertad se presentó la oportunidad de elegir una carrera Universitaria; te imaginé estudiando diseño gráfico o alguna ingeniería; me sorprendieron tu firmeza y seguridad al elegir la Carrera de Medicina. Hoy lo has logrado: presentaste satisfactoriamente tu examen profesional. Es un gran avance, un peldaño alcanzado. Ahora sólo queda persistir y seguir tenaz en tu preparación, para alcanzar las metas que has fijado para tu realización plena.
Quiero felicitarte por ser un buen hijo, pero también un buen estudiante. Hoy que has concluido tu carrera , espero que la ejerzas con amor, con entrega y con sentido humanitario. Has elegido una gran profesión, digna de la nobleza de tu corazón. Estoy muy orgullosa de ti.
Sabes que cuentas con todo mi amor y con el apoyo de toda la familia: tus tíos, primos, sobrinos y amigos. A 25 años de distancia de aquella primera vez, vuelvo a decirte: “¡Bienvenido a este mundo!” Porque nuevas experiencias te están esperando. Te amo con todo mi corazón.
Tu mamá




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