La Navidad del 59
- Escritorio Emergente

- 24 dic 2018
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 15 ene 2019
(Un texto de Nahón)
Ante la pregunta ¿A que le temen? En mi mente Se abrieron varias ventanas que se cerraban lentamente, pero una de ellas, la palabra fuego se mantenía y parpadeaba de manera constante señalando el peligro. La vivencia que narro sucedió en 1959 cuando contaba con 12 años de edad, en Salina Cruz Oaxaca. En esa temporada nuestra diversión era seguir la rama, tradición veracruzana adoptada por el sureste oaxaqueño para las posadas decembrinas. Un grupo de personas, generalmente niños y adolescentes, decoran la rama de un árbol con listones, globos, escarchas y adornos navideños. La cargan de casa en casa recorriendo el barrio y cantan varios versos pero entre ellos no pueden faltar estos tres:
Naranjas limas
limas y limones
más linda es la virgen
que todas las flores.
Enseguida bailan canciones jocosas y de un gran ritmo usando instrumentos rudimentarios como latas, sartenes, panderos y también maracas. Después de bailar piden su aguinaldo que pueden ser frutas, dulces o dinero. Si el grupo quedó conforme con lo recibido, se despide así:
Ya se va la rama
muy agradecida
porque en esta casa
fue bien recibida
Pero si no, cantan su disgusto:
Ya se va la rama
muy desconsolada
porque en esta casa
no le dieron nada.
Pues bien, en aquella ocasión mi hermana Blanca y yo, junto con dos primos más, Samuel y Memo, nos sumamos a la algarabía de esta fiesta. Tan absortas estábamos que no vimos cuando mi primo Samuel fue a comprar un rollo de triquis* y se lo echó a la bolsa del pantalón, enseguida Memo le hizo una “broma”, prendió un cuete y se lo echó en la misma bolsa donde se encontraba la pólvora empaquetada.
Tras la explosión, el ambiente se tornó denso, expectante. Miedo, llanto y dolor tomados de la mano. Una sensación de muerte estaba presente. Los vecinos llamaron al médico y también a mi mamá que era familiar del herido y enfermera. La curiosidad me llevó a asomarme al lugar de los hechos, lo que vi fue impactante: la pierna derecha de Samuel estaba en carne viva y trozos carbonizados de ella caían al suelo donde él se retorcía de dolor. Blanca y yo tomadas de la mano corrimos hacia la casa, no sin antes recibir un fuerte regañó de mi papá, que ya estaba enterado del accidente. Mi primo Samuel tardó mucho tiempo hospitalizado bajo tratamiento médico- quirúrgico que, por fortuna, resultó exitoso. Él dice que ya se le olvidó el suceso, aunque actualmente camina con un poco de dificultad. A Memo lo enviaron a estudiar a Veracruz, su papá tomó esa determinación por ser viudo y no tener quien lo ayudara con él. Hasta la fecha no lo he vuelto a ver.
Yo por mi parte, me hice enfermera y suelo ser muy cautelosa, pero cuando está de por medio el fuego tomó más precauciones. Sin lugar a dudas, aquel diciembre del 59, fue una gran experiencia.
*Triquis: cohetes pequeños, muy populares en el sureste mexicano y Centro América.




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