top of page

Crónica de un 1° de diciembre

  • Foto del escritor: Escritorio Emergente
    Escritorio Emergente
  • 1 dic 2018
  • 4 Min. de lectura

(Un texto de Petra)

Zócalo de la Ciudad de México. 1° de diciembre de 2018


30 de noviembre del 2018. El autobús, como siempre, salió en punto de la media noche del parque El Llano, ahí nos dimos cita casi los mismos que una y otra vez acudimos a los llamados del líder. Nada extraordinario ocurrió durante el viaje, algunas caras nuevas llenas de expectativas, otras ausentes, esas a las que ya no les tocó presenciar físicamente el triunfo: la querida Sarita, el profesor Ángel, el Sr. Juanito que integraron esta Brigada del Centro Histórico. Lo comentamos y desde el fondo de nuestros corazones les dimos las gracias por su incansable activismo y entusiasmo, ese con el que caminamos y compartimos durante tanto tiempo. A disipar la tristeza dijo la siempre entusiasta Lupita, ¡Ellos también están celebrando con alegría estos momentos!, remató convencida.

Llegamos, a la orilla de la alameda de la Ciudad de México, entre porras, vivas y risas de alegría, era ya el esperado 1° de diciembre. Para esa hora, era interminable la fila de camiones que anunciaban con lonas amarradas en algún lado de su estructura los lugares de donde provenían. Muchos de ellos arribando desde los más remotos lugares del país, como Tijuana, Ciudad Juárez, El Paso, Ciudad, Victoria, Cancún, Chetumal, Ciudad del Carmen y muchos otros. Aunque su presencia no era ninguna novedad, su llegada siempre ha sido causa de aplausos en los eventos que organiza nuestro movimiento.

En seguida nos encaminamos al Zócalo de la ciudad. El objetivo era tener un buen lugar para no perder detalle de lo que ahí pasaría. Cada quien llevó su comida para no perder tiempo, todos queríamos presenciar hasta el último detalle del gran día. La jornada sería muy larga. Son las nueve de la mañana y el evento iniciará hasta las 15:00 hrs. Quienes ya tenemos la experiencia, llevamos nuestras sillas o banquitos y sombrillas (tampoco se trata de hacer penitencia), aunque la mayoría no previó ese detalle.

Poco a poco el lugar empieza a llenarse, pero el ambiente no es el mismo. Esta vez tiene una nueva carga de energía, de alegría, de entusiasmo. Inicia el acto y una exclamación de júbilo y aplausos corre por la enorme plancha del zócalo. La participación es unánime cuando el tenor que canta acompañado por la orquesta sinfónica entona la letra del Himno de la resistencia, preludio del triunfo tan esperado:


De pie, cantar

el pueblo va a triunfar,

millones ya,

imponen la verdad…


que se escucha como si el canto saliera de la propia tierra.

El entusiasmo sigue a pesar de las horas de pie bajo el también entusiasmado sol que nunca fue velado por una nube. De pronto, se dan voces de alarma llamando a los socorristas. Una joven con el rostro pálido y la mirada perdida yace en el suelo, manos con sombreros soplan cerca de su rostro para tratar de reanimarla. De pronto cierra los hundidos ojos causando más alarma, los socorristas se abren pasó entre la multitud y saltan la valla para llegar a la joven desmayada, después de reanimarla la trasladan fuera del gentío, luego vuelve la calma.

Por fin una algarabía proveniente del lado derecho del templete, anuncia la llegada del nuevo Presidente Constitucional de México. Aquello se vuelve apoteósico cuando la figura inconfundible, vestida con un traje oscuro y la banda presidencial al pecho sube al templete. Saluda con la mano alzada y recorre con la mirada el enorme ejército ahí concentrado, ese que nunca dudó que se podía llegar a ese momento sublime de comunión y triunfo, ese que nunca lo dejó solo.

Lagrimas de emoción recorren muchos rostros, otros estoicos las contienen. La escena es inédita. Flanqueado por representantes de los diversos pueblos originarios de nuestro país, recibe en un acto conmovedor y lleno de simbolismos el Bastón de Mando con el que le confieren su confianza y a la vez el mandato de gobernar obedeciendo. Es el otro acto, no el protocolario que mandatan las leyes. Este es más importante que el legal. Es el acto de refrendo ante el pueblo olvidado, del compromiso de no robar, no mentir y no traicionar.

Con el rostro la mayor parte del tiempo serio, el Presidente recibe el mensaje y los parabienes. Se hinca con respeto y emoción frente al chamán que sin poder contener un gemido, también de rodillas, le transmite en su lengua el sentir de los olvidados de nuestra patria. Recibe una cruz blanca con el Cristo negro, las bendiciones de una madre en nombre de la patrona de los católicos mexicanos (la virgen de Guadalupe), y participa en el pedimento a los cuatro puntos cardinales y al Dios Ometéotl, el Dios dual de nuestros antepasados. El sincretismo religioso que intenta todavía la reconciliación está presente en este simbólico acto. El público presencia atónito, participativo y con respeto la ceremonia. Algunos comentan que esa es la verdadera transmisión del poder al nuevo presidente.

Una vez terminada la entrega del Bastón de Mando, el jefe del ejecutivo inició el esperado mensaje, la reiteración para que nadie se olvide, ni él mismo, del compromiso pactado a largo de los últimos 18 años. Aguanten -dijo-, son cien puntos y apenas llevo veintisiete, rompiendo la solemnidad del evento provocando aplausos y risas. Las arengas, que nunca han faltado en todos los lugares público en donde se presenta: No estás sólo y Es un honor estar con Obrador, se escucharon en diferentes momentos de la hora y media que duró su discurso. Los pies, calzados por los más diversos zapatos parecían clavados en el suelo, como soldados en posición de descanso, esperando la orden de romper filas. No se moverían antes. Algunas personas con niños se sentaron en el suelo. La jornada fue larga. Pero ahí seguimos, sin movernos de nuestro lugar para no perderlo. Cuando terminó la última palabra del discurso, entre vítores estruendosos iniciaron los acordes de nuestro Himno Nacional. Todos nos pusimos de pie para entonar sus estrofas, seguido del ¡Viva México! Surgido tres veces de la garganta del Presidente y coreado también por todos ¡Viva! Sólo entonces la gente se empezó a mover. De un grupo de jóvenes salió una voz que decía Me canso ganso de que lo vamos a lograr.


 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


© 2023 por NÓMADA EN EL CAMINO. Creado con Wix.com

  • b-facebook
  • Twitter Round
  • Instagram Black Round
bottom of page