Lobo
- Escritorio Emergente

- 16 abr 2020
- 1 Min. de lectura
Nahón
Te semejas a una estatua belga, cuerpo erguido, fuerte, elegante. Mirada profunda y sabia, siempre dispuesto a combatir.
Cuando sientes mi tristeza, te acercas silente, y con actitud serena te refugias sobre mi regazo.
Hace días, tus ladridos se apagaron, tu cuerpo se volvió frágil tu llanto se convirtió en aullido, se perdió tu mirada en la distancia.
Mi corazón se estrujó al percibir impotente tu sufrimiento, ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? Te pregunté con ansiedad. Solo vi brotar lágrimas de tus tristes ojos.
Ahora, de regreso a casa, saltas, giras, ladras,
y al llegar como un dócil infante, aceptas tus medicinas y devoras tu dieta; con los perros vecinos platicas y mueves la cola en señal de regocijo.





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